Al principio de los tiempos, cuando comenzó a girar la tierra y las estrellas iluminaban el universo con destellos de purpurina, los habitantes de todos los planetas, con sus manos, construían la casa en la vivirían el resto de sus días.

Blanca, recién cumplidos los sesenta, atraída por esa vieja costumbre que nunca pudo cumplir decidió reformar la antigua cabaña que había heredado en el corazón de la Sierra Calderona y, hasta su alta cima, hizo llegar herramientas y variados materiales.

Diez años transcurrieron hasta que la mujer, en una colorida primavera, dio por acabado el trabajo.

¿Alguna vez os habéis preguntado qué hace un ratón en una casa de diseño?. Un hogar de acero, triple cristal, hormigón, cemento y sin nada que llevarse a la boca. Si acaso fuera una construcción rústica con maderas nobles de sándalo, palo morado o ébano, pero una fría casa de metal...

Una tarde, sentada en su sillón de lunares y concentrada en un crucigrama sintió algo extraño ante ella. Un musculoso ratón blanco con ojos saltones y larga cola atravesó el salón. Pasó veloz rozándole los pies. La mujer emitió un estridente grito. Todos los vasos de la alacena estallaron y cayeron en mil pedazos al suelo. El ratón se detuvo y pausado le dijo:

- ¿Por qué los humanos actuáis con tanta histeria ante un ser tan diminuto, inofensivo y simpático como yo?. Respetáis a los poderosos más enajenados, aplaudís las mayores estupideces, os reís como hienas ante colosales bobadas, rendís pleitesía a quienes os mienten y ante un inofensivo ratón que no se mete con nadie y no habla por no molestar, proferís gritos, gestos de histeria y si tenéis a mano una escoba no dudáis en matarnos.

Blanca jamás se había visto en un dialogo tan incómodo así que le invitó a sentarse a sus pies, le ofreció un paquete de galletas de maíz y, por primera vez, miró a un ratón a los ojos.

- ¿Qué haces en mi casa?

- Me han tirado a la calle. Me han expulsado de un laboratorio donde estaban experimentando conmigo los efectos de la rutina. Vivía en una jaula y todos los días a las misma hora hacía lo mismo: gimnasia en la rueda, ración de queso. Paseo por el laberinto, ración de queso. Exploraban mi cabeza conformada por una sola oreja y al despertar ración de queso. Me cambiaban de jaula para conversar con otros ratones; todos los días hablábamos de lo mismo, me volvían a encerrar y uffff, que hartazgo de queso.

Se detuvo reflexivo, como queriéndose entender a sí mismo, comprender lo que estaba diciendo. Hacía mucho tiempo que no cruzaba una sola palabra con humanos. Movió suavemente su cola e inclinó el cuello hacía el lado izquierdo y continuó hablando para asegurar su estatus de invitado.

- Con mi única oreja me basta. Puedo escuchar el canto de los pájaros y las pisadas de los gatos cuando vienen a acecharme. Con mis ágiles patas, cada atardecer te ofreceré un concierto de percusión y con mi cola limpiaré, dejaré relucientes tus enormes cristales. No quiero volver al laboratorio.

Continuó sin pausa y con tono suplicante.

- ¿Puedo vivir contigo?

Blanca exhaló lentamente y, aunque dudó un instante, sintió que no podía negarse a la petición del amable roedor.

- Está bien, puedes quedarte, pero por poco tiempo.

No muy convencida con su apresurada decisión miró el reloj que colgaba en la pared e incrementó la
velocidad del habla.

- Ufffff, losientoperodebocontinuarconmistareasdiarias.

Se dio cuenta de que el pequeño animal no le había entendido y ahuecó exageradamente los labios para que no hubiera duda de sus palabras.

- Yo tam bién vi vo en la ru ti na. Como cada día, tras finalizar mis veintidós páginas de pasatiempos, miro al cielo, observo la forma de las nubes, en qué dirección se mueve el viento y así saber cómo será el nuevo día. Tras anotarlo en el cuaderno de estratocúmulos recojo los huevos del gallinero y salgo a dar un largo paseo. Si quieres, puedes acompañarme.

El ratón frotó sus manos en señal de aceptación. Acarició con esmero su única oreja y ordenó su escueto pelo.

La mujer abrió una barra de rouge que desde hacía años, como una eterna costumbre, llevaba en el bolsillo y, como siempre, en círculos de izquierda a derecha, pintó de rojo intenso sus labios.

Empujó la puerta de una pequeña estancia, se puso los zapatos azules y el sombrero, también heredado, y trenzado con pálidas flores que se fueron secando con el paso del tiempo.

Blanca no pudo ocultar la inquietud de salir a pasear con un minúsculo ratón.

- ¿Te vienes?

- Siiiiiii. Agitó su cabeza el roedor mientras se aproximaba eufórico a la puerta. Con una curiosidad
excitante, recién estrenada, preguntó:

- ¿A dónde vamos?

- ¿A dónde vamos ?. Insistió.

Ella, trazando el último círculo del color de las fresas frescas sobre sus labios, le explicó que todos los días, a la misma hora, bajaba caminando hasta el pueblo.

Descendieron por el lugar de siempre, por el desgastado camino, entre arbustos, recios troncos de cedros, líquenes, hiedras, musgos y piedras horadadas por el viento.

Y como cada día, Blanca, entró en la tienda de ultramarinos. Saludó con las mismas palabras a Pedro, el tendero, y él le respondió con el mismo gesto.

Al igual que el día anterior y todos los demás ella buscó en su bolsillo la breve lista de la compra en la que siempre llevaba escrito: palos de anís, confitura de cereza, galletas de cebada y naranjas confitadas. Pero con las prisas en el descenso perdió la nota sin saberlo.

Cuando reparó en ello, su corazón se aceleró, sentía la sangre recorrer su cuerpo y calor, mucho calor en su cara y cuello. Jamás había olvidado esa breve lista en la que el tendero asentía con idéntico movimiento de cabeza al escuchar 'palos de anís, confitura de cereza, galletas de cebada y naranjas confitadas', mientras lo iba guardando, por el mismo orden, en una frágil bolsa de papel y en la que ella asentía, de manera mecánica, ante cada movimiento.

La mujer continuaba inmóvil, absorta, no recordaba ni una sola palabra. ¿Volvería a su casa con las manos vacías? ¿Al día siguiente qué comería? ¿Y qué sería de su existencia si perdía la libreta en la que apuntaba cosas como recoger los huevos, lavarme los dientes, hacer pasatiempos, barrer la casa, comer y dormir. Le atormentaba la idea con solo pensarlo. ¿Qué sería de su vida?

El ratón, en profundo estado de concentración, había pegado sus ojos como dos ventosas al cristal del mostrador repleto de suculentos postres y alimentos. Ante el largo silencio miró a la mujer que temblaba ruborizada por lo que, para ella, suponía un fatal suceso.

El roedor se incorporó y, de pie, con el cuello estirado y aire carismático exclamó:

- Yo también, todos los días, antes de hacer gimnasia en la rueda escribía mi lista de la compra: maíz, papel, tela y cartón. Un día la perdí y me castigaron a vivir fuera de la rutina, creí que sería el final y resultó ser el comienzo. Empecé a cambiar el orden de las cosas y los cuidadores de la jaula sintieron un gran desconcierto. Ellos, como tú, también tenían una libreta en la que escribían, por orden alfabético y numerado, lo que debía acontecer en cada hora, minuto y segundo.

La mujer, que jamás hacía algo sin que antes fuera escrito en su cuaderno de cosas y casos diarios, escuchó de soslayo el argumento y arremetió contra el pequeño animal con voz de reproche.

- Es horrible. Nunca me había pasado nada igual. ¿Hoy, y mañana y al otro qué comeremos?, ¿qué debo comprar?

Pedro impaciente golpeó con la palma de su mano dos veces sobre el cristal del viejo mostrador.

- Es tarde. Son las ocho, cuando suene la campana de la torre tengo que cerrar la puerta, dar de comer a los gatos y peinarme con ralla al medio. Daos prisa, debo irme, ¿qué queréis?

La mujer y el roedor se miraron de nuevo y en el centro de sus pupilas brotaron resplandores y destellos.

Comenzaron a curvarse sus labios, estallaron en una gran carcajada y, al unísono, pidieron al tendero !!!Una ración de queso!!!.

Y por sotavento y barlovento
aquí acaba la historia de Blanca y el ratón
que no es del todo un cuento.

premio narrativa cocemfe 3
 
Mi estrecho contacto con Castalla, cuna de Enric Valor, y la posibilidad de acceder a su extensa obra me ha regalado una puerta de entrada a territorios narrados bajo la mirada del género acuñado como rondalles.
 
A diferencia del cuento tradicional situado fuera del tiempo y el espacio,  les rondalles representan en su descripción, ya sea costumbrista o fantástica, una crónica del lugar
 
premio narrativa cocemfe 2
 
En ocasiones podremos reconocer los paisajes, la cronología y dirección de los vientos, la llegada de las estaciones, incluso  saber más de la etología; del comportamiento o las tradiciones de sus habitantes.
 
Quiero agradecer a David Silvestre por estimular estos encuentros creativos y de comunicación y por impulsarme a escribir una rondalla, así como a COCEMFE Valencia y a su representante Mayte Tárrega por la organización del Cicle Cultural  DESCOBRIM. Comparto mi felicidad al recibir  el ÁCCESIT "TERRA NARRADA" D´ESCRIPTURA 2022 al texto de mi autoría UNA RACIÓN DE QUESO o NADA ES IGUAL
 
premio narrativa cocemfe 1
 
En la entrega de  los Premios a la que, por coincidencia con otro acto, no pude asistir, mi alumna y mucho más; amiga Lola Ferrer, cómo bien sabe de lectura en público, ejerció de medium poniendo voz a la citada rondalla.
 
Aunque todavía no he echado ancla en ningún lugar, pues pretendo continuar mi particular viaje a Itaca, dedico este Premio al lugar donde me he conectado con el género de la rondalla; Castalla, tierra que me acoge y abraza.
 
Coral Pastor. Junio 2022
 
premio narrativa cocemfe 5
 
Leer Una ración de queso o Nada es igual
 

 

 

lectura novelda 2022 6
 
Cuando damos voz a la lectura y presencia a la escena las palabras comienzan a dibujar historias en nuestra imaginación.
 
En el Acto, organizado por las Concejalías de Cultura y Educación de Novelda, escolares de 5º y 6º de Primaria y 1º de ESO han experimentado su minuto de gloria mientras exhalaban fonemas que nos hicieron viajar a través de muy diferentes relatos.
 
Nos fascinamos entrando en los escenarios de Alicia en el país de las maravillas, Oliver Twist, junto a poemas de Bequer o textos de Mario Benedetti. 
 
Fragmentos de El Principito y personajes con coraje que forman Cuentos para niños y niñas que sueñan con la paz completaron el escenario en el que se proyectaban palabras que flotaban brillantes y se diluían con la misma magia que se deshacen las pompas de jabón.
 
A por un nuevo Ciclo!!!. 
Coral Pastor
 
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CC Sta.María Magdalena
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Coral Pastor 
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CC Padre Dehón
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 CC Oratorio Festivo
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CC San José de Cluny
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CEIP Alfonso X El Sabio
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CEIP Sánchez Albornoz
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Cuando en 2014 construí el Programa 'Sin miedo a hablar en público' destinado, especialmente, a las sedes de la Universidad de Alicante, brotó un dato relevante: todos lo participantes tenían mayor incertidumbre ante el resultado de la lectura en público que de  la oratoria; la necesidad de dotarla de adecuada fonética y expresión.

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Junto a la técnica y el dominio, leer en público nos sitúa en un plano de atención, aprendizaje, memoria, ampliación del código lingüístico y comunicación. Fortalece, así, importantes funciones siquicas y nos sitúa en la imprescindible escena colectiva y de convivencia.
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La I Jornada de Lectura continuada realizada en Castalla nos sumergió, a participantes y asistentes, en una burbuja de encantamiento.
 
La cromática experiencia intergeneracional, transitada por voces grandes y pequeñas nos regaló crónicas, tradiciones, testimonios, poemas, viajes fantásticos... y la inequívoca percepción, el privilegio de sentir el valor de la palabra.
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Gracias a todas las personas que habéis leído, escuchado, disfrutado, colaborado... En respuesta a todo ello, sello mis ganas y compromiso; CONTINUARÁ.
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laboratorio lectura novelda
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Entre los meses de Marzo y Abril de 2022 más de doscientos escolares / estudiantes, desde 5º de Primaria a 1º de ESO, han participado en el LABORATORIO DE LECTURA

Cuando, desde la Concejalía de Educación del Ayuntamiento de Novelda, se decidió llevar a Colegios e Institutos la experiencia del Laboratorio, se invitaba a escolares y estudiantes participantes a enfocar la mirada en un acto tan cotidiano como necesitado de explorar.

A través de la lectura desarrollamos aspectos tan importantes como el aprendizaje, la construcción de símbolos e imágenes que inciden en nuestra comprensión y memoria y, además, conformamos nuestra proyección vocal, emocional y expresiva.

En este Primer Ciclo, relacionado con los aspectos orgánicos de la lectura, propongo promover la observación y contacto con la Técnica vocal que, acompañada de creatividad, nos dirige a una adecuada proyección fonética de las palabras.

Es por ello el principal objeto de esta experiencia transformar el binomio lectura - tedio en lo que realmente representa: aprender, descubrir, compartir y disfrutar.

Coral Pastor

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laboratorio lectura novelda 4

 

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La lectura, en muchas ocasiones, representa una de las propuestas escénicas más temidas por los espectadores. Sin embargo, con la aplicación de técnica y recursos escénicos, leer en público se convierte en un acto de atención, encantamiento y disfrute.

Cada asistente va a construir un breve texto para descubrir y conocer su adecuada proyección fonética-escénica y experimentar el placer creativo de la lectura y sus signos contemporáneos.

En la última sesión, cada participante presentará el resultado de su lectura dramatizada, en la que también incluiremos otros recursos útiles para la lectura en escena. Todas las sesiones del Laboratorio son de carácter interno y solo podrán asistir las personas inscritas, incluida la sesión de presentación.

Inscripciones hasta el 11 de Septiembre

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lectura dramatizada coral 2

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Más información de la ACTIVIDAD REALIZADA por CORAL PASTOR

 

coral pastor con las manos en las nubes 1

España mantiene el liderazgo mundial en relación a trasplantes de órganos.En esta realidad el llamativo resultado no es una iniciativa política, ni de marketing global ni del esnobista metaverso. Son las personas, anónimas, quienes deciden que, cuando ya no estén, sus órganos puedan dar luz a nuevas vidas.

Este acto, de la más pura filantropía, quizá de los más relevantes en la salud y la propia vida, para gran parte de la sociedad todavía encierra claves de tabú, de mito... de desconocimiento.

Escribir, sin tono de ficción, sobre este hecho, es un ejercicio acrobático; abrir el telón más íntimo.

CON LAS MANOS EN LAS NUBES, de Coral Pastor, ha sido publicado en el XV Premio Literario de relatos organizado por la Asoc Jose Luís Sampedro en colaboración con el Hospital Universitario La Fe de Valencia.

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Desde que me excitó la idea de escribir, sobre todo para la escena, conté con la posibilidad de que un texto, una vez impreso o repartido como los naipes de mano en mano, pudiera volver a recuperar su plasticidad, ponerse al servicio de cualquier juego que no fuera la mera lectura pasiva, dirigida y con una única puerta de salida.

Al escribir este corto relato, CON LAS MANOS EN LAS NUBES, aunque las reglas del juego establecen crear una narración que fotografíe la realidad de los trasplantes de órganos, y me veo abocada a esbozar una secuencia vivida, hiperrealista, pese a las características del ejercicio, no puedo dejar de lado la sintaxis simbólica, la construcción abierta, con oxigeno suficiente para que cada cual recorra el escenario dibujado a su antojo, según sus circunstancias.
Durante la década de los ochenta, todos los veranos, trabajé en Italia con producciones teatrales: Commedia del Arte, La Nave dei Folli, Living Theatre...

Entre La Peste de Artaud y las obras de corte grotowskiano, que llevabamos a escena, descubrí un gran contador de historias que atrapó mi atención y seguro que influyó en mi posterior forma de mirar la narración: Gianni Rodari. Único en su forma de divulgar, en sus utopías pragmáticas, dibujó el paisaje psíquico y las funciones que en él estimula la fantasía, y logró convertir Reggio Emilia en centro de peregrinación mundial de la renovación pedagógica.

Quiero conectar con el espíritu creativo de Rodari y en lugar de buscar una médium o un oráculo, te necesito, te propongo un juego.

Vuelco en este papel un suceso, tal cual ocurrió, y dejo abierto el final para que tu lo escribas, para que en el binomio de lógica-fantasía aportes una nueva puerta de salida. Envía tu texto a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Coral Pastor
Junio 2021

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........................A Antonio, Marisa, Jorge y Micheline que fueron protagonistas de este relato pero no podrán leerlo; que ya en entre nosotros.

A la persona anónima que, sin saberlo, con su corazón, volvió a iluminar la vida de Manuel.

La espera de un corazón para quién, en adelante llamaremos Manuel, nos abocó a una mirada constante al reloj, al calendario, a la pantalla del teléfono que, en silencio, era observada por si se iluminaba durante la proyección de aquella película. Las palomitas y el disfrute del film no borraban el estado de espera permanente que dirigía nuestra mirada al dispositivo. Cuando se iluminara un número de largos dígitos sufriríamos una emoción desconocida.

Para lo que estaba por venir creamos nuestro propio convenio; decidimos aplicar la calma y pintar de optimismo cada segundo. Desterrar el miedo ante una experiencia tan desconocida como desconcertante fue el primer pacto para aquel cuaderno de bitácora.

Y una noche, viajando por profundos sueños, sonó el teléfono. Irrumpió aquél código cero. Eran las dos y media de la madrugada. Un día y una hora que se iluminan, cada año, en nuestro calendario.

Hubo que vestirse y salir corriendo. Es difícil conjugar las palabras para describir las sensaciones que nos golpeaban en el trayecto que se extendió en más de dos horas por la monótona autovía.

Los largos silencios, y alguna frase de corte sarcástico, con el único objeto de disipar el grado de tensión, fueron sucediéndose en el enigmático itinerario cuya meta era el hospital.

Avanzaba la noche cerrada cuando llegamos. Entramos desconcertados; él por la desconocida aventura a la que se iba a enfrentar, trasplante de corazón, yo, nublada ante tantas preguntas.

Era Semana Santa, así que lo más tranquilizador sería pensar que el personal médico estuviera disfrutando de sus vacaciones, gozando de ese día, en algún destino rural por cuyos callejones estrechos discurriría lenta una multitud tras imágenes envueltas en melismas y saetas. El miedo hacía desear que una voz en la puerta de acceso nos dijera: "lo siento, es fiesta, hoy no se trabaja, vuelvan ustedes a su casa, ya les llamaremos...

Pero lejos de ese deseo se abrió un ascensor del que salieron un grupo de hombres y mujeres ataviados en batas blancas. Uno de ellos pronunció los apellidos de Manuel y tras unos segundos de silencio entendimos que no había vuelta atrás; la función había comenzado.

Caminábamos, el personal sanitario y nosotros, hacía la habitación, y en el breve trayecto comenzó a desdibujarse el miedo. La puntualidad en el encuentro, las conversaciones fluidas, incluso animadas y la logística en su lugar esperando a Manuel, nos impregnó de tranquilidad.

El cuerpo del futuro trasplantado fue tintado y tras el protocolo previsto abandonó la habitación, camino del quirófano.
Con su ropa en una bolsa de plástico negro caminé hasta alcanzar una silla, una solitaria silla en un espacio de agudo silencio. Fui prevenida de la larga espera así qué dejé volar los recuerdos más cercanos.

Se imbricaban en mi memoria imágenes de ingresos de Manuel en el hospital, previos al trasplante, largos días, semanas que se hacían cortas gracias a las conversaciones y trato del personal en planta y de un grupo de desconocidos, tres hombres que, al igual que Manuel, esperaban su día y hora para recibir el tan esperado órgano. Se tejió una relación personal tan profunda que en pocos días pasaron a ocupar un lugar prioritario en el día a día. Sus largas conversaciones acompañadas por sus goteros rodantes, kilómetros de pasillo tejiendo hipótesis y esperanzas, les unieron en una relación de primer grado. La calle, familiares y amigos quedaban lejos. Ahora, la única realidad era este clan al que nos unía la misma preocupación, los mismos deseos.

También para mí nació esa familia inesperada. Juan, como Manuel, a la espera de un corazón se apresuró a presentarme a su mujer. Las dos, sin saberlo, pensábamos al unísono. Han pasado dieciocho años y guardo intacto el recuerdo de cada situación, la luz tenue al atardecer en las habitaciones, las conversaciones distendidas con el personal de planta, las noticias en la televisión que nos hacían escapar, por un momento, de aquella extraña realidad, anecdotarios y risas; todavía puedo escuchar frases y recordar los nombres de quienes fueron imprescindibles: Carmen, Luís, Carlos...

Abstraída por tantos recuerdos un golpe me devolvió a la realidad. Encajada en aquella silla en la que habían transcurrido, al menos cuatro horas, miré al extenso pasillo con la esperanza de que, como en un lento travelling, se fuera aproximando hacia mi Manuel con su nuevo corazón. Clavé la mirada en aquel corredor y nada ni nadie se adentraba en el plano.

Continuaba rodeada de quietud y silencio. Escuché unos pasos que se detuvieron junto a mí. Un hombre mirándome fijamente y más silencio. Era Antonio, hermano de Manuel. Nos abrazamos y sollozamos como niños; desbordados por el miedo de no saber qué estaba pasando al otro lado.

Tras una improvisada conversación, como los peripatéticos, con paseo incluido, volvimos al punto de partida, a la solitaria silla y esta vez se cumplió la pequeña profecía: por el pasillo caminaban hacia nosotros dos médicos. Nos abalanzamos hacia ellos para acelerar las esperadas noticias. De la conversación y algunas explicaciones me bastaron cuatro palabras: todo ha ido bien. No necesitaba más.

Antonio se fue y yo, acompañada de aquella bolsa negra que contenía la ropa y el calzado de Manuel me dirigí al hotel cercano al hospital, donde lejos de dormir, me di una rápida ducha. Salí a la terraza y como situada en lo más alto de un minarete grité un palabra que multiplicó su dimensión: gracias.

A la vuelta al hospital me encontré con Marisa. Fue un regalo inesperado. No estaba previsto que esta amiga me sorprendiera pues, tras salir del hospital zaragozano donde ella trabajaba, lejos de irse a descansar y sin previo aviso, tomó un tren y apareció en el momento fundamental. Nos abrazamos. Teníamos que hacer tiempo, esperar. Fuimos a desayunar, caminamos por un estrecho parque. Marisa se detuvo ante el escaparate de una librería. Esperé afuera pues, en realidad, la calidad de esas horas resultaba tan confusa que era incapaz ni siquiera de leer los títulos de los libros allí expuestos. Mi amiga salió con un voluminoso ejemplar: Los Pilares de la tierra. Lo guardé en el bolso; utilizo bolsos con cubicaje para bestsellers o libros de peso así como cualquier objeto de interés que se pueda cruzar en mi camino; es como deslizar la mano por un pozo sin fondo. Le agradecí a mi amiga el gesto y nos apresuramos a volver al hospital en busca de noticias.

Nos condujeron a un espacio donde me aseguraban que, tras despertar Manuel, podría mirar y verle a través de un pequeño cristal. Jamás había deseado tanto otear la realidad mediante un simple vidrio. Todo listo. Me avisaron. Me situé en el punto indicado, miré por el escueto cristal y adiviné con dificultad el rostro de Manuel, completamente hinchado, tan desproporcionado que, por primera vez en mi vida, caí al suelo desplomada, me desmallé.
Marisa me reanimó y cumplimos, de manera ordenada, un binomio que parecía ser el único: comer y charlar.
Cuando días después subieron a Manuel a planta, al principio, por su bajo estado inmunitario, tenía restringidas las visitas de amigos y familiares aunque, desde la pequeña antesala a la habitación y a través del cristal, se le podía ver e incluso hablar.

El Cronos en los espacios hospitalarios se obstina en ralentizar el tiempo así que una de esas tardes mientras las manecillas del reloj avanzaban con exagerada lentitud, sentada en el sillón frente al citado vidrio en el que algún familiar ya había aplastado su nariz y proyectado deseos con el vaho de sus palabras, imaginé algo que me impulsó. Salí apresurada por el pasillo en dirección al ascensor. Alcancé en tiempo record la calle y me dirigí a unos grandes almacenes que, a dos manzanas del hospital, se habían convertido en esos días en mi destino habitual. Recorrer sus pasillos de tejidos, menaje, calzado o perfumería con monótonos paseos hacia ninguna parte se trasformaron en el sustituto de conciertos, charlas, museos o teatros.

Esa tarde, en mi visita a los grandes almacenes, al fin encontré un objetivo. Compré un espray de espuma de afeitar y, mientras pensaba en el resultado del experimento, descendí una planta y adquirí dos gorros de telas de colores que irritaban la pupila; amarillo y rojo de pigmento carmesí.

A punto estaban de llegar a visitar a Manuel dos grandes amigos: Jorge y Micheline. Iban a hacer cuatro horas de trayecto para verle, a través de aquél cristal, a penas unos minutos, así que sería conveniente promover algo inesperado.

Fijamos nuestro encuentro en la puerta del hospital y con estricta puntualidad nos abrazamos. Aproveché el recorrido hasta la habitación, incluido el tiempo de espera del ascensor para instruirles. Compuse un gesto de extremada seriedad, descendí a graves el tono de mi voz, confiando que lo que les iba a decir adquiriese una incuestionable credibilidad, y espeté: "Por cuestiones higiénicas y de seguridad, antes de situaros frente al cristal debéis poneros estos gorros". Eran de diseño y colores tan espantosos que solo verlos provocaban incontenibles carcajadas. Con el aerosol todavía envuelto en papel de regalo extraje dos grandes bolas de espuma que estampé en cada uno de sus rostros. "Esparcirlo bien sobre vuestra piel. Este producto protege de todo tipo de bacterias y en el nuevo protocolo lo han implantado para las visitas". Les compensé con otra gran bola de espuma que, sumada con la anterior, apenas dejaba adivinar sus ojos. Con tal empaste en la cara avanzamos por el pasillo hacia la habitación. Varios pacientes que caminaban con sus pijamas como claro sello de identidad, y el personal de planta no pudieron contener la risa. Jorge y Micheline, ajenos a la situación que iban provocando a su paso caminaban orgullosos de portar tan novedoso producto. Por fortuna, durante el trayecto, no se cruzaron con ningún espejo.

Alcanzamos la habitación, se situaron ante el cristal y se escuchó una incontenible carcajada. Jamás había visto a Manuel reír con tanto voltaje. Los minutos de risoterapia cumplieron su función.

De regreso a su casa mis amigos me llamaron para que les instruyera en como quitar aquel producto "bactericida". La espuma de afeitar se había secado y su piel estaba completamente acartonada; no podían mover ni el más pequeño musculo de su rostro.

Cayó la tarde y en nuestros labios se quedó dibujada una sonrisa fruto del improvisado happening. Manuel, esa noche, y todas la demás, durmió con placidez.

Por la mañana entró en la habitación un hombre con traje de chaqueta y corbata naranja. Sin previa presentación lanzó multitud de preguntas, muchas para las que Manuel, con su mirada clavada en el lateral izquierdo del techo, buscando el recuerdo, no encontraba respuestas.

Yo asistía a la función en silencio. Por el carácter de las preguntas no lograba discernir si iba o no en serio. No pude concluir si era un actor o animador que hacía su perfomance para impulsar el estado emocional de los pacientes o a qué respondía aquella batería de preguntas, muchas de ellas, jamás escuchadas.

Tanta intriga me hizo interrumpir sin premeditación y preguntar: Disculpe, ¿quién es usted?.A lo que el desconocido respondió con una velocidad entrenada: soy Paco, sicólogo, estamos escribiendo un libro sobre trasplantados y experiencias de estados de conciencia en el proceso de la intervención.

¿Eran lances de naturaleza esotérica? A las, cuanto menos, curiosas preguntas que formuló el terapeuta a Manuel relacionadas con recuerdos en su estancia en el quirófano, se abrió una animada charla que venía a mostrar las diferentes realidades que se suceden en un hospital. Cuando el sicólogo abandonó la habitación nos quedamos los dos en silencio, quizá pensando algo similar. La apertura de la puerta con la llegada de la comida para Manuel rompió aquel instante de encantamiento. Cada día tratábamos de acertar el menú pues era necesario jugar con cualquier hecho para hacer avanzar con más premura las manecillas del reloj. También el personal sanitario: enfermeras, celadores, personal de limpieza... participaban de nuestros juegos, del diseño de una realidad en la que el humor y la creatividad representaban la materia de la auténtica piedra filosofal.

Le he pedido a Manuel que narre el final de esta historia pero prefiere dejar que se vaya escribiendo sola. Él, como cada mañana, detiene el tiempo y afina sus sentidos para percibir el ritmo de su corazón, para disfrutar escuchando toc, toc, toc, la sincronizada percusión mientras roza las nubes con sus manos.

Coral Pastor
Junio 2021

-- Otros finales --

Ahora me toca a mi salir de mi escondite, materializarme, alzar la voz. Me dieron una segunda oportunidad, y no podría haber sido mejor elegida. Me cuidan, me quieren, me miman.... soy feliz. Soy su corazón.

Antonia Escribano Borruel

 

Casi dos décadas después Manuel puede seguir disfrutando de su segunda vida. Una nueva vida llena de agradecimiento hacia quienes demuestran amor infinito, sin contraprestación alguna, salvo el deseo de permanecer por más tiempo, repartiendo ese amor del que él, durante estos casi veinte, años lleva disfrutando.”

Armando Uriel


Manuel hizo su maleta, recogió todos sus objetos y abandonó el hospital. Comenzó a lloviznar. Mientras caminaba abrió su paraguas y miraba perpelejo; jamás había visto las gotas de agua con forma de corazón.

Luz Valero

 

Esta historia no tiene un final, porque lo que en ella relato ha sido una continuación, como en las series televisivas que tanto nos gustan y que, cuando creemos que están finalizando, las productoras y guionistas nos regalan una nueva temporada, y la recibimos con toda atención e interés; pues la continuación de la nueva temporada en la vida de Manuel, gracias al regalo de un donante anónimo, nos dio la fuerza y esperanza que da la oportunidad de seguir con una nueva vida.

Y con el tiempo, cambiamos las costumbres, compañeros, personal y amigos del hospital por los quehaceres cotidianos que nos dan la posibilidad de retomar la preciosa rutina que nos ofrece el poder seguir viviendo.

Manuel, más que nadie, disfruta de volver a vivir cada nuevo amanecer sin incertidumbres y con la enorme satisfacción que da el reencuentro con un familiar, un amigo e incluso con nuevas personas que el tiempo, con su ahora tan rápido transcurrir, nos da la oportunidad de conocer y apreciar.

Vicente Molina

coral pastor con las manos en las nubes

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¿Tienes listo tu sillón y auriculares? Te invito a viajar a través de nuestro imaginario
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cornucopia capitulo 7

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laboratorio lectura dramatizada 4
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Hola a tod@s:
 
El viernes 11 y sábado 12 de Diciembre estaré en FNAC MURCIA y ALICANTE respectivamente.
 
Os invito a participar y disfrutar de una Microsesión en LABORATORIO DE LECTURA DRAMATIZADA.
 
Vamos a conectar con la Biomecánica y función creativa de la voz. Este MicroTaller es una experiencia de diálogo y ejercicios prácticos para mejorar la expresión vocal en la lectura.
 
      • Cada participante debe asistir a la sesión con un texto / libro de cuentos o relatos breves.
      • Aforo limitado. Previa Inscripción en fnac.es
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lectura dramatizada fnac 2
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lectura dramatizada fnac 1
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En el interior de esta caja depositamos ejercicios de lectura realizados en LABORATORIO TEATRO inspirados en Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, donde cada texto representa a una mujer y su historia de superación.
 
La combinación de estos personajes reales y el relato en clave de cuento nos acerca a mujeres merecedoras de que sus historias trasciendan y nosotr@s podamos recrearlas y mirarlas a través de la cerradura del tiempo.
 
 En las sesiones de Trainig, para este ejercicio, han sido repartidos los textos de manera aleatoria y cada cual ha leído su propia propuesta. 
 
Vamos a impregnar tu imaginación de historias de coraje y superación.
 
 
Voz: CORAL PASTOR
 
 
Voz: CARMEN CASASEMPERE 
 
 
Voz: JORGE L. BONAVITA 
 
 
Voz: LOLA FERRER 
 
Voz: JUAN CARLOS DUPLAÁ 
 
Ejercicio: MARÍA BERNABÉU 
 
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DÍA DE LAS LIBRERÍAS
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tolerancia cero
 
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Desde LABORATORIO TEATRO se abre la PARTICIPACIÓN en la creación de la VIDEOPERFOMANCE TOLERANCIA CERO.

Coral Pastor ha participado en experiencias con colectivos en riesgo de vulnerabilidad y violencia como MUJERES EN SUDÁN que, en 1995 huyendo de la guerra construyeron una comunidad con su propia metodología creando sus bases para la creación de recursos y la educación de sus hij@s.

Las imágenes recibidas se imbricarán con las propuestas del propio LABORATORIO TEATRO de la mano de Azahara Martínez, Jorge Bonavita, Lola Ferrer, Maria Bernabeu, Mario Pascual.

 

+ INFORMACION Tlf / wts + 34 650698469

 
 
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